El cuerpo no miente

(las historias que nos contamos)

Las personas somos complicadas. Al vivir en sociedad tenemos muchos condicionantes que determinan como nos relacionamos con el mundo y dependiendo del momento y del contexto las estrategias de supervivencia serán diferentes.

Lo que nos contamos muchas veces no está acorde con la realidad, pero el cuerpo nunca miente.

 

La supervivencia es más importante que la verdad:

Lo cierto es que yo me puedo contar cualquier historia, cualquier fantasía que me ayude a sobrevivir con tal de sobrevivir o de obtener una ganancia.

Me puedo decir a mi mismo que mi vida es maravillosa, que adoro mi trabajo y que mi pareja me hace feliz. Pero decirlo no implica que sea verdad.

Pongamos el ejemplo de la pareja, si yo cada vez que estoy con ella me retraigo, estoy en alerta y con miedo y dejo de ser yo… lo más probable es que no, esa pareja no me haga feliz. Pero puede que por el miedo a la soledad y al abandono que tengo yo me cuente a mí mismo y a los demás que estamos genial, que es la mujer de la vida, y que simplemente estamos pasando un pequeño bache.

Puede que incluso los demás me crean pero eso no implica que sea verdad. Mi cuerpo me empieza a dar avisos: dolor de cabeza recurrente, mareos sin explicación, insomnio y se me empieza a caer el pelo.

La moraleja: Tu cuerpo habla y dice la verdad, aunque no la quieras escuchar.

 

La verdad duele:

El evadir la verdad por sobrevivir o por no ser capaces de soportarla es algo que no hacemos de forma consciente. Hemos aprendido a sobrevivir así y muchas veces las situaciones de vulnerabilidad nos empujan a engañarnos a nosotros mismos para poder sobrevivir y salir adelante.

Por ejemplo, ignoramos ese enfado que tenemos en el trabajo con nuestro jefe porque no encontraríamos nada mejor y tenemos que dar de comer a nuestra familia. Lo peor de todo es que nos creemos nuestras mentiras y normalizamos el vivir constantemente en alerta, enfadados, con miedo. Pero nuestra biología no está diseñada para eso y tarde o temprano lo pagamos caro.

La verdad duele. Pero vivir sin coherencia duele mucho más, y puede tener consecuencias muy graves.

 

Escucha a tu cuerpo:

¿La solución? Escuchar a tu cuerpo. Plantéate que existe mucha sabiduría y verdad en el cuerpo. Dedica tiempo en el día para conectarte con las sensaciones corporales.

Básicamente, si empiezas a tener síntomas físicos recurrentes, sean emocionales o no, seguramente haya que revisar.

Para escuchar al cuerpo es fundamental eliminar la estimulación externa y reducir la velocidad a la que vamos por la vida. Es entonces cuando podremos mirar hacia dentro.

Puedes observar cómo responde tu cuerpo al pensar en las diferentes facetas de tu vida. Puede que se te ponga un nudo en la garganta, o se te revuelva el estómago, o incluso que te empiece a doler la cabeza.

 

Haz el experimento y me cuentas sensaciones. Que tengas una bonita semana 😊