La lealtad en las familias.

(el precio del silencio)

Últimamente veo muchos pacientes que vienen de sistemas familiares rígidos, compactos y endogámicos.

Familias tradicionales (o no) donde está terminantemente prohibido “hablar mal” de alguien de la familia o directamente separarse de la misma si hay motivos de peso para ello.

La lealtad al grupo se convierte en un imperativo moral a expensas de las necesidades del individuo.

Vamos a hablar de esto: cuando la lealtad extrema acaba destruyendo a ciertas personas de una familia.

 

No, en la familia no todo vale

Solemos decir que familia solo hay una. Que la que te toca es para toda la vida y que para dar una imagen de familia unida está terminantemente prohibido criticar a algún miembro de forma pública.

Pero la realidad es que el conflicto es inevitable, y más cuando hay personas en los sistemas familiares que no son del todo funcionales. La convivencia, el entorno, y las personas que conforman el sistema son el caldo de cultivo perfecto para que haya roces, dinámicas de poder, control y sí, maltrato.

La verdad es que no todo vale cuando se trata de nuestros vínculos familiares. No siempre hay que aguantar y tolerar maltrato, manipulación u otras conductas solo porque compartimos código genético. El hecho es que compartir lazos de sangre no es un requisito para que un vínculo se sienta seguro o inseguro. Y no creo que sea nada sano tolerar maltrato simplemente “porque es la familia”.

Claro, esto que digo es polémico y con razón. La familia lleva siglos siendo el pilar fundamental en el que sustentan las sociedades. Y no es para menos, lógicamente la institución de la familia tiene grandes ventajas evolutivas de supervivencia. De hecho en algunas sociedades en vías de desarrollo las personas tienen hijos para asegurarse el sustento y la supervivencia cuando se hacen mayores y ya no son capaces de trabajar.

Dejando esto a un lado, y diciendo bien claro que yo no abogo por destruir la familia… lo que está claro es que no todo vale con nuestros familiares, y que tenemos que buscar alternativas que nos ayuden a darle más significado a nuestras vidas y que además amplíen nuestra vida social.

 

La familia que se elige:

Es aquí cuando entran en juego las amistades. Ya sean de la infancia, del trabajo, o de los diferentes hobbies que vamos teniendo, las amistades son un antídoto perfecto para cuando los vínculos de sangre nos fallan o nos están directamente maltratando.

Lo bueno de estos vínculos es que son completamente voluntarios y elegidos con consciencia. No son una lotería.

Son vínculos que pueden sustituir a la familia en el caso de que lo lleguemos a necesitar.

De hecho, ya hay casos de grupos de amigos que compran casas juntos para la jubilación o que viven juntos para hacer frente a la soledad y al paso del tiempo.

 

Obviamente lo que yo defiendo son los vínculos sanos, vínculos seguros donde podamos ser nosotros mismos y donde nos sintamos cuidados y queridos ya existan lazos de sangre o no.

Espero que disfrutéis del sábado con vuestros vínculos seguros 😊