La vida también puede ser terapéutica

Se habla siempre de la necesidad de sanar, de hacer terapia, de “arreglarnos” de alguna manera. Y aunque soy un gran defensor de hacer ese trabajo personal también creo que la propia vida puede ser terapéutica y es lo que quiero compartiros hoy.

 

La vida daña, la vida sana

Si nos paramos a pensar todo lo que tiene un impacto nos ocurre en nuestra vida. Ya sea una experiencia traumática o la posterior reparación en terapia. Pero lo cierto es que muchas veces las personas sanamos sin necesidad de ir a terapia simplemente porque cambiamos el entorno y acumulamos nuevas experiencias que son de alguna manera reparadoras.

Por ejemplo, si he tenido una muy mala experiencia en pareja y quedo afectado y con dificultad para confiar en el otro puede que llegue otra persona y que a pesar de la resistencia inicial me haga sentir seguridad y de por si vuelva a confiar de manera orgánica.

Lo más importante en estos casos es que se dé una actualización del modelo interno que tenemos integrado. Para saber el contenido de nuestro modelo interno podemos mirar a nuestras conductas, reacciones, pensamientos y creencias.

Por ejemplo, si en mi modelo interno aparece la creencia de: el mundo es un lugar hostil y peligroso, lo más normal es que vivamos con miedo, con las consecuencias que eso puede tener para nuestro bienestar y salud.

 

Nuevas experiencias

He pensado en este reflexión porque muchas personas usan la terapia como parte de su identidad e incluso lo ponen como requisito indispensable para que una persona pueda estar “sana”, signifique lo que signifique.

Pero la realidad es que podemos sanar a través de nuevas experiencias que actualicen nuestro modelo interno sin necesidad de ir a terapia. Simplemente entrando en nuevos vínculos donde soy visto y querido puede tener un impacto enorme en mi modelo interno y por tanto en el estado de mi sistema nervioso.

De hechos muchas veces las personas no necesitamos ir más a terapia si no que tenemos que interactuar más con la vida desde la valentía para poder conseguir nuevas experiencias.

Obviamente el tener un lugar seguro en terapia como base nos va a permitir explorar con mayor seguridad y garantía. Porque lo cierto es que nadie nos asegura que la vida vaya a procurarnos las experiencias que nos gustarían.

 

El lugar seguro

Esto me lleva a pensar en lo importante que es tener no solo ese lugar seguro en terapia si no también con nosotros mismos. Cuidándonos, tratándonos con respeto y decencia y creando además un espacio al que podamos volver después de explorar.

El mundo ya es un lugar bastante peligroso e incierto como para además ser nuestros propios enemigos. Por eso es tan importante mirarnos siempre con compasión, tener presencia con aquello que nos pasa y abrazar la vulnerabilidad que está tan presente en la vida de los seres humanos aunque a veces actuemos como si no existiera.

 

Y con esta última reflexión os deseo un feliz fin de semana 😊