Propósitos de año nuevo.

(una mirada diferente)

Lo primero quería felicitar el año nuevo a todas las personas que me leen cada semana. Espero que lo hayáis pasado de la manera deseada por cada uno. Habrá personas que quieran fiesta y celebrar hasta altas horas de la noche, y otras que solo cenar y estar con la familia. Incluso habrá algunos que no hayáis llegado a las uvas.

Lo que está claro es que empezar un año nuevo es especial. Está cargado de significado y es una fecha señalada cuanto menos.

Hoy quiero hablar de esos propósitos de año nuevo pero con una mirada quizás algo distinta.

Empecemos.

 

¿Desde qué lugar elegimos nuestros propósitos?

Muchísimas personas al empezar el año eligen propósitos. Ya sea perder peso, un ascenso, pasar más tiempo con seres queridos… Y yo siempre me he hecho la pregunta antes de empezar con cualquier hábito o propósito ¿para qué quiero esto? Y también preguntarme desde qué lugar lo hago. ¿Desde la carencia o desde la coherencia?

Me explico, para ello usaré el ejemplo de hacer ejercicio y comer bien. Es posible que yo esté comparando todo el rato mi físico con los demás y que por ello sienta además que valgo menos y me quiero menos por el hecho de tener un físico x (no me importa cuál sea). Entonces como me siento tan mal conmigo mismo decido hacer ejercicio y ponerme a dieta esperando conseguir de esa manera el amor propio que me falta. De este modo me estoy lanzando a un propósito nuevo desde la carencia y seguramente me trate fatal durante el proceso, me frustre y acabe abandonando.

Sin embargo, imaginemos que he pasado una mala racha con mucho trabajo y me he dejado físicamente. No me veo como las personas de las revistas o de las redes pero yo me quiero mucho y siento que me merezco tener un cuerpo sano, fuerte y que… ¿por qué no? Genere algún que otro piropo. Entonces me embarco en los mismos hábitos de hacer ejercicio y comer bien pero desde un lugar de abundancia, con coherencia y amor propio. De este modo elijo no fallarme y simplemente me estoy haciendo el regalo de un cuerpo sano, fuerte y bonito.

Literalmente los mismos hábitos pero enfocados de manera diferente y con resultados seguramente diferentes. Por no hablar de cómo nos sentiríamos en un escenario y en otro.

Ya somos suficiente tal y como somos. No hay nada externo que vaya a llenar el vacío de amor propio que sientes.

 

Tus hábitos no son “sólo” tu culpa

Otro apunte que quería hacer es que veo mucho contenido hablando de que eres tus hábitos, y que si tienes malos hábitos es tu culpa, que cada uno escoge su destino y que si quieres puedes bla bla bla. Rollo americano mezclado con estoicismo y un enfermizo individualismo.

La realidad es que tus hábitos no dependen exclusivamente de ti. Hay muchos factores que influyen.

Lo primero las personas que te rodean, lo segundo el tiempo y la energía que tengas después de trabajar 12 horas para poder alimentar una familia, y lo tercero el estado mental en el que estés y el acceso a los diferentes “buenos hábitos”.

El caso es, que si no tengo tiempo, dinero o energía para hacer ciertos hábitos no debería culpabilizarme pensando que es solo mi culpa y que soy un desecho humano. Hacemos lo que podemos.

 

Con esto no quiero decir que no haya margen de maniobra. Pero creo que podríamos ser más compasivos con nosotros mismos a la hora de elegir propósitos y mantener hábitos.

Un fuerte abrazo a todos 😊